Escribo para crear la posibilidad de la comunicación entre los hombres. «Escribir» es acercarme a esa utopía.
En los textos hay un personaje principal; escribe en primera persona: es el narrador: soy yo. Ahí, mantengo dos relaciones: una, con mi padre, con quien comparto mi primer nombre. Otra, con un personaje al que decidí llamar «mi compañero». Podría dar la impresión de que, en la ficción, «mi compañero» es el mismo, uno. No lo es. Por él han transitado todas mis relaciones sexoafectivas.

Escribo para exponer la cronología de los vínculos, de los afectos, de las emociones, de la experiencia de mi cuerpo.